miércoles, 6 de abril de 2011

Hace más de doce meses

Ha sido muy raro releer el blog. La primavera pasada me encontraba en el ojo del huracán y el blog me ayudó a pasar unos ratitos menos negros. Sin embargo, poco a poco la vida volvió a tomar impulso y poco a poco empecé a hacer cosas y no a escribir sobre hacer cosas. Así que el blog se quedó como petrificado.
Estos meses han estado llenos de actividad, de novedades y de sorpresas. En lo que se refiere al vino, mis experiencias han crecido y sobre todo se han solidificado.
Ahora tengo muchísimos más argumentos y conocimientos, así que puedo decir con toda seguridad y sin ningún género de duda que no tengo ni idea de vino.
Pero tengo mas idea que en 2010, eso sí.
Las casualidades de la vida me han llevado en este tiempo a visitar el Priorato, la Ribera de Duero, el valle de Marlborough, a probar vinos carísimos y a descubrir nuevos países productores de vino. Además organicé por fin la degustación de vino biodinámico y ahora me encuentro metido en un torbellino organizando degustaciones, California, Priorato, Barolo, Borgounne, Ornelailla, Ribera... los vinos se suceden uno tras otro.
Puedo destacar que en estos meses he bebido L'Ermita, Flor de Pingus y Vega Sicilia Reserva Especial, pero no han sido necesariamente mis preferidos. Mis gustos han evolucionado ligeramente, aunque aún soy un hijo de Ribera. Adoro el vino italiano, el vino de Valladolid, el vino francés, el vino alemán, el austriaco, el australiano, hay sudafricanos buenísimos, neozelandeses, californianos... la lista no para de engordar.
En cualquier caso quería dejar una notita en el blog para ver si dentro de un poco de tiempo vuelvo y me resulta tan raro leer este blog como lo ha sido hoy.
Probablemente para entonces haya estado en Beaune otra vez y quizá en La Rioja. Y quién sabe dónde más...

lunes, 15 de marzo de 2010

Hacienda Monasterio Reserva 2004



El otro día fue mi cumpleaños. Y fue un poco raro, porque las circunstancias personales se hicieron notar más que nunca. Por fortuna, cuando todo falla, el mundo se desmorona y todo es negro, uno puede jugar su última carta y llamar a Jose el rubio.
Jose es lo que se llama un amigo de toda la vida. Ambos somos colegas desde el instituto. Los años han pasado y hemos seguido caminos muy divergentes. Pero aunque hayan pasado meses o años, siempre hay uno de los dos que encuentra un momento para coger el teléfono. Y la conversación fluye como si nos hubiéramos visto el día anterior.
Así que andaba yo zambulléndome en la miseria en la víspera de mi cumpleaños cuando decidí coger el teléfono para hablar con Jose. Iba a estar en Madrid el fin de semana y podíamos vernos. Y qué puñetas, era mi cumpleaños.
Jose, consciente del tamaño del toro que me ha tocado lidiar, estuvo a la altura de las circunstancias, cogió el coche, me vino a buscar y me invitó a cenar a su casa.
Pero bueno, una cena el día de mi cumpleaños no puede pasar sin un vino decente con el que regar la cena. Jose no es un gran bebedor de vino y desconfiaba de su bodega, así que le propuse acompañarme a comprar una buena botella antes de ir a su casa. Y así de paso le abría la puerta a nuestro mundillo, a ver si le picaba el bichito.
Para mí es todavía una novedad el entrar a una tienda de vino y reconocer bastantes nombres. Aunque no domino las sutilezas de la cata, voy aprendiendo cosillas aquí y allá y como he ido probando (sobre todo Riberas) pues voy conociendo nombres.
Tenía una apuesta segura y conocida en las manos, un Malleolus del 2006. Es un vino un poco caro porque aunque es la gama alta de Emilio Moro, el 2006 es un año horroroso en Ribera y este vino podría ser mejor, sobre todo para los 28 eurazos que piden por él.
Sin embargo, precio aparte, este vino a mí me encanta y sabía perfectamente lo que iba a beber. Pero una vez más el Carpe Diem me empujó a buscar algo nuevo que yo no hubiera probado.
Y atisbé el Hacienda Monasterio.
¿Porqué cogí este vino, muchísimo más caro que el Malleolus? Varias razones...
Hacienda Monasterio es uno de los nombres "de entendido" de Ribera del Duero, el vino está hecho por Peter Sisseck, famoso en el mundo entero por su Pingus. Y 2004 es el año en el que en Ribera, hasta el más tonto hizo relojes. Los buenos viticultores, en 2004 hicieron catedrales (Por cierto, hablando de catedrales, en 2014 saldrá al mercado el Vega Sicilia Unico 2004. Si este vino no es el mejor que pruebo en mi vida, me como el teclado).
O sea, que buena uva, buen viticultor y buen año. Muy caro (34 euros), pero qué narices, es mi cumpleaños.
Y nos llevamos el Hacienda Monasterio. 
Mi primera botella de Peter Sisseck.
Decantamos una hora y media antes de beberlo (soy alumno de Oli...) y fue una delicia ver cómo el vino se abría para soltar aroma tras aroma.
Lo primero que me sorprendió fue la poca madera que me salía en nariz. Había muchísima fruta roja, pero no concentrada como en un Ribera, sino suave y persistente. El alcohol me había preocupado un poco, 15º, pero como debe ser en un vino de este nivel, ni en nariz ni en boca había nada de alcohol. Completamente controlado.
Cuando probé el vino me dije que, a veces, las famas son merecidas.
Lo primero que encontré fue un tanino realmente gradual, mucho más suave de lo habitual en un Ribera. Preciosos sabores de frutas rojas y la gran sorpresa, un recorrido maravilloso de acidez en la boca.
Como mezclar un Pinot muy afrutado con un Ribera muy suavizado. Mundial.
Esta es, para mí, la mejor botella de vino que se puede comprar en Ribera de Duero.
A Jose le gustó mucho el vino, aunque se quedó un poco intimidado por el precio. 
Quizá tiré demasiado alto, pero qué demonios, era mi cumpleaños.
La conversación con Jose y  su mujer siempre es muy agradable, porque aunque viven un entorno profesional y social muy distinto del mío, da gusto ver cómo gente que uno quiere se abre paso muy bien en la vida. Son dos triunfadores que saben trabajar más que nadie para lograr sus metas. Su actitud positiva ante la vida podría y debería ser ejemplo para otros. Como por ejemplo, el que escribe.
Resumiendo, el día de mi cumpleaños lo pasé con un amigo del alma bebiendo una botella de un vino perfecto. No se puede pedir más. Al menos, yo no puedo. 

viernes, 5 de marzo de 2010

Doña Paula 2005, Argentina y Viñedo Chadwick 2005, Chile


Algunas veces a uno le ocurre algo bueno y se pregunta qué ha hecho para merecérselo. Este es mi caso con Oli. Otro ejemplo viviente de que los clichés no tienen sentido, Oli me introdujo en el mundillo del single malt y además es mi experto en vinos del cono sur de América. Cada vez que voy a su casa, los vinos chilenos y argentinos muestran de lo que son capaces.
Oli dice que le gusta el vino espannol y se nota cuando selecciona vinos. Estos dos vinos, que fueron las estrellas de la ultima cena en su casa, son vinos de estilo muy espannol, es decir, vinos de clima caliente, con concetración y cuerpo. También son vinos que no le tienen miedo a la madera y que la usan con muy buen criterio.

Sin embargo, yo creo que si la uva es buena y el terreno es bueno, lo que hace falta es vinificar lo menos posible y dejar que la fruta hable. Es decir, que soy en teoría contrario al vino taninico cargado de roble nuevo frances.Para alguien como yo que disfruta del vino de todos los paises de europa, la madera es una mala palabra, concetración suena a 15° de alcohol y 15° de alcohol suena a vino dificil de beber, con un golpe muy fuerte y concentrado en la boca y poca evolución. Es decir, un vino espanol típico, maderazo, taninazo, alcoholazo y punto.
Pero claro, los vinos espanoles buenos son una autentica maravilla porque precisamente son los menos espanoles de los vinos, los menos madereros y menos tratados. Un vino espanol muy alto de gama tiene madera, por supuesto, pero tiene muchísimas cosas mas. Tiene fruta y cuero y tabaco y caramelo, muchísimos olores terciarios en nariz y un tanino suavizado. Los buenos Riberas de estilo moderno, así como los Prioratos son vinos así, que cogen toda la potencia de la uva y la distribuyen, para que tengas muchisima intensidad de muchas cosas muy buenas. Mucho de todo, vamos.
Y es genial, como darse un festín en Valhala.
Los dos vinos que Oli propuso son así, mucho de todo, muy generosos con su fruta y sus caramelos y tabacos.
En el estilo son extremadamente espannoles.
En lo que se refiere a la calidad, estos dos vinos están en mi opinión por encima de todos lo vinos espanoles que he bebido nunca, exceptuando 3 o 4 nombres muy, muy altos de gama.


Lo divertido es que en esto los vinos se parecen mucho a Oli, son de calidad sobresaliente pero poco conocidos y con poco reconocimiento social. Oli es así, probalemente sea una de las 4 personas que mas sabe de vino de toda nuestra comunidad, pero para el es un asunto personal. No le interesa la divulgación de sus conocimientos ni de sus vinos favoritos. Le interesa que tú personalmente los conozcas y los aprecies, pero no busca ser conocido como amante del vino y mucho menos como experto.
Es un privilegio que Oli disfrute ensennandome cosas sobre vino y single malt. Por alguna razón hemos conectado y la verdad es que no se porqué tengo tanta suerte con la gente a la que admiro y me cae bien, pero pienso seguir aprovechándome.

martes, 2 de febrero de 2010

Vega Sicilia Unico 1969, Ribera de Duero, Cadozos 2003, Tierra de Castilla y Leon y Mas Estela Vinya Ví Dolc



Mi padre no es un gran amante del vino, le gusta tomar una buena copa pero no ha dado el salto a probar, conocer ni gastar como afición. Por eso, los vinos que tiene en la bodega y considera demasiado buenos para el día a día se le van quedando en el tintero. Los tiene más por diversión que por afición. Cuando empecé a hablar de vino en casa, mi padre me dijo que tenía algunos vinos antiguos y probablemente estropeados. Y me los ofreció por si quería pasar un rato divertido.
En la primera entrega me sacó este Vega Sicilia Unico 1969, que anda valorado en internet entre los 350 y los 450 euros y me dijo que pensaba que estaba pasado.
Cuando lo vi me sentí un poco ladrón, para mí esa botella le pertenecía a otra generación, es una de esas cosas buenas que debe disfrutarlas el que se lo ha merecido, y no un recién llegado que tiene menos edad que el vino. Por otra parte, los acontecimientos de los últimos meses me empujan algo más hacia el Carpe Diem y a no valorar demasiado mi propia dignidad, así que puse la zarpa sobre el vino.
Tras traer cuidadosamente el vino hasta Holanda, no quedaba sino beberlo. El vino ya había hecho todo lo que podía hacerse en la botella, o se abría ahora o se dejaba como monumento a la desidia.
Así que ayer vieron a casa Dirk y Almudena, nos sentamos en a cenar y tomamos los entrantes con un divertido Cadozos 2003, un vino mezcla de Pinot Noir y Tempranillo que no era nada complejo pero si muy agradable y original. El pinot daba más acidez al vino y quitaba un poco de la aspereza del tempranillo, me gustó, original para la zona y bastante recomendable.

Pero en realidad estábamos mareando la perdiz. Ayer tocaba pimplarse un vino de 40 años, con un par.
Y a ello nos pusimos.
Según dicen los que saben, solo un vino del nivel de Vega Sicilia puede llegar a estas edades y aun tener complejidad y algo que decir.
La leyenda dice además que el Único es uno de los grandes vinos del mundo porque siempre, desde que  se compra con 10 años hasta que se bebe con 40, siempre, siempre está listo para beber. No se desmonta ni hay que esperar a que todo encaje, esta siempre perfecto.
Los dioses nos sonrieron, el vino estaba en perfecto estado. A pesar de ser tan antiguo todavía tenía una acidez bastante marcada, por supuesto tenía una enorme oxigenación y un color casi anaranjado, pero daba gusto beberlo. Increíblemente, todavía fue capaz de cambiar un poquito en la copa y ganar mas aroma.
Muchísimos aromas terciarios, cuero y tabaco, pero también un marcado sabor a uvas pasas, a fruto seco y a óxido. Pero todo en su sitio, un paladar suave, sin taninos ni alcohol, pero persistente.
Sutilezas incomprensibles para un novato como yo, pero ayer aprendí otro poquito, a qué sabe un vino viejo y por qué Vega Sicilia tiene ésa reputación.
Para terminar no queríamos abrir otro vino que fuera a hacerle sombra a este enorme monumento, así que esperamos y cambiamos completamente de tercio.

Saqué un vino dulce, cosa sorprendente en mí, un Mas Estela de garnacha negra vinificado con solera.
Dirk no es un gran fan de los Priorats dulces (y estoy de acuerdo, dedicar garnacha del Priorat a otra cosa que no sea tinto debería estar penado por la ley) y creo que se sorprendió con este Empordá de mi pequeña bodega preferida. Mas Estela se merece un post aparte, porque tiene una bonita historia. Pero baste decir que a mí este Vi Dolc me encantó porque es muy contenido con el azúcar, muy generoso con la solera y tiene una suavidad que le hace falta a muchos vinos dulces del mundo.
Y por cierto, vino biodinámico.
La noche fue un éxito de comida, bebida y atmósfera. Con la que está cayendo, no se puede pedir más.

jueves, 28 de enero de 2010

Lustau, Amontillado Escuadrilla Solera Reserva, Jerez



El jamón serrano es uno de los platos de maridaje más difícil. Es salado y grasiento y por alguna razón los aromas afrutados de los vinos bien hechos no le hacen ningún bien. Los ácidos de un vino muy mineral no logran nada bueno, y ya no digamos un vino dulce o con frutas tropicales.
Así que maridar un buen jamón pata negra de bellota es una tarea bastante difícil.
La solución: vino de Jerez amontillado.
Este "descubrimiento" me lo transmitió Luis en una degustación de vinos, jamones y quesos españoles en Holanda.

Yo no sé si el jamón se inventó para poder acompañar al amontillado de Jerez o al revés, pero lo que sí que sé es que no hay vino más especial que este.  Como todos los vinos de Jerez, el amontillado es un vino con sabor intenso y aroma fuerte de vino de solera reforzado. Sin embargo, al contrario que sus hermanos, es un vino salado.
Repito, este vino es salado, no ácido ni vegetal ni mineral ni afrutado, sino salado.
Y va de perlas con el jamón del bueno, mejor que cualquier otro vino que yo conozca.
Desde que Luis me lo dió a probar, hace como medio año, he sido un converso del amontillado, en contra de la mayoría de mis compañeros del club de vinos, que consideran este vino como demasiado raro y nada agradable.
Esta tarde, cuando llegué a la asamblea anual del club, he visto que entre los vios de postre quedaba una botella de amontillado para degustar. Había también Oporto y Málaga dulce y otras zarandajas que han interesado a gentes de gusto menos refinado. Mejor, así los que sabemos estamos más tranquilos.
Sin mencionar el vino, pero conscientes de su presencia, Luis y yo hemos degustado nuestro Cava, nuestros blancos y nuestros tintos y una media hora más tarde, como atraídos por una fuerza superior hemos gravitado silenciosamente desde lados opuestos de la sala para coincidir junto al amontillado. Ambos le habiamos echado el ojo a la botella desde el principio y habíamos elegido y descartado vinos para poder llegar perfectamente a éste. Sin que hiciera falta mediar palabra, hemos dado cuenta de la mitad de la botella.
En este club ya sabemos de qué pie cojea cada uno.
Durante la asamblea, Luis y James han dimitido de sus cargos en el comité y Lluis y yo hemos sido elegidos para reemplazarles. Como miembro del comité debo ocuparme de organizar alguna degustación este año, lo cual dá bastante miedo...
Mi idea es hacer una degustación de vino biodinámico, tema sobre el cual debo un post a este blog...
Veremos cómo pinta la cosa, pero me parece que tanta ambición me queda grande.
Aún es pronto, pero de momento la semana que viene en lo que se refiere a vino, promete...

lunes, 25 de enero de 2010

Jackson State 2007, Marlborough Nueva Zelanda



Una de las ventajas de venirse a Holanda a vivir es que en el nuevo trabajo puedo irme de vacaciones en cualquier momento del año.
Y esa ventaja es demasiado buena como para dejarla pasar.
El proyecto comenzó como una vuelta al mundo a troche y moche y luego se fue afinando.
Tras varios meses de reflexión compré mi billete de avión el 8 de Enero de 2010.
Estaba decidido, en Febrero me iba a Nueva Zelanda cinco semanas, parando a la ida en San Francisco a ver a un amigo y quizá visitar Napa y Sonoma y parando a la vuelta en Tokio un par de días. En Nueva Zelanda el plan incluía un trekking de travesía de 4 días por la ruta Kepler en el parque natural de Fiordland y mas de 20 días en bicicleta por toda la isla sur. El final de la ruta, Blenheim, el centro de la región viticultora de Marlborough. Por el camino, visitas a mas de cinco bodegas distintas.
Un viaje de los que te acuerdas toda tu vida, una aventura y un placer.
Un viaje que no voy a hacer.
Cuatro semanas antes de coger el avión me caí en el hielo con la bicicleta y me partí el codo. Como resultado, el viaje ha sido cancelado y va a seguir siendo un proyecto para el próximo verano austral.
Menos de un segundo de desliz (literalmente) y meses de consecuencias, que curiosa es la vida.
Para dar unas gotas de ironía a la situación, este Pinot de Marlborough apareció entre los vinos de la ultima cata a la que asistí, cargando con el brazo en cabestrillo, la semana pasada.
Es un estilo menos extremo que los Borgoña, con menos acidez y menos influencia del suelo. Pero este vino solo puede ser un Pinot y esta muy bien hecho.
Me gustó bastante, aunque mientras lo bebía no pude evitar pensar que sabía a derrota.


Les brunettes 2002, Dubois bernard et fils, DOC Aloxe Corton, Chorey-les-Beaune (Cote d'or)

Entre las muchas cosas de las que no sé nada, el Pinot Noir es una de las mas importantes. El Borgoña es un vino difícil, porque se lleva todos los elogios posibles y cuando lo pruebas te preguntas de qué habla esta gente.
El Pinot es ácido como beber el liquido de una bateria, no tiene consistencia ni cuerpo y para un español acostumbrado al tempranillo de 14º con meses de barrica, el Borgoña es un vino como aguachirri, pero encima con mal sabor.
Sin embargo, es como todo: probando, probando, se va viendo que el pinot puede ser ácido pero bajo control, y probando, probando, se encuentran pinots con fruta y cuerpo, y probando, probando, encuentras uno que te gusta y entonces sí que la has liado parda.
Porque en Borgoña no se andan con chiquitas: o entiendes que el Pinot es un regalo directo de Dios a los franceses o eres un bruto insensible. Y si lo entiendes, entonces aceptas pagar precios exorbitantes y guardar vinos durante décadas para tener la posibilidad de beber uno de entre muchos que sea bueno.
Todo esto me pasaba por la cabeza ayer, mientras me dirigía a casa de mi amigo Luis. Luis es un gran aficionado al Pinot y es otra de las personas de las que tengo la suerte de poder aprender muchas cosas de vinos.
Ayer, Luis nos había invitado a comer en su casa, con la sagrada obligación de llevar una botella de vino para poder probar un poco. El tema del día, para poner las cosas fáciles, vinos de Borgoña. El tercer invitado era Lluis, que esta casado con una borgoñona hija de viticultores y que también conoce un poco el tema. Así que tenía un papelón, tanto Luis como Lluis tienen la confianza como para explicarme, despacito y claramente, lo bueno que es el vino que han traído a la cena. Y después callar sobre el vino que yo he llevado a la cena.
Total, que mirando mi bodega, iba a tener que llevar un Borgoña bueno, lo que reducía la lista a 3 posibles. De los 3, este Les Brunettes 2002 era el único que no había catado antes de comprarlo. El año era excelente y al paisano (será francés, de Borgoña y todo lo que quiera, pero sigue siendo un paisano) sólo le quedaban 6 botellas, así que no iba a abrir una para probarla. Pero mi amigo Laurent estuvo firme, ése era el vino que habiamos ido a Chorey-les-Beaunes a comprar, así que al coche con él.
Ayer decidí coger este Borgoña, con miedo pero confiando en Laurent, y lo puse en la mesa junto a los vinos de los expertos.
Lluis traía un Saint Aubin del 2007 que había comprado a amigos de su familia política. Resultó tener potencial, pero ser claramente joven y todos estuvimos de acuerdo en que con tiempo y cuidados y la mano cariñosa de un experto, este Pinot podría algún día llegar a estar bueno.
Dicho en cristiano: sabía a rayos y tendríamos que creernos que algún día no sabría a rayos mas sino que se habría transmutado en un néctar digno de Zeus.
Luis jugaba en casa doblemente, estábamos a pocos metros de su reputada bodega y ademas era su región favorita. Puso dos Pinot de mas de 10 años, 1999 y 1998. El primero resultó estar ya empezando a  perder cuerpo, era un vino demasiado viejo, y el segundo tenia el corcho estropeado.
Creo que esta claro por donde van los tiros. Baste decir que el vino de la foto es un vino que cuando lo bebes entiendes de donde viene tanta fanfarria con el Pinot y el Borgoña. La acidez perfecta para llevar toda la progresión del vino y terminar con una boca fresca pero al mismo tiempo cuerpo y fruta, sobre todo fruta. Por fin un Pinot que sabe a fruta con intensidad. Luis y Lluis me miraron de otra forma ese día, me preguntaron dónde había encontrado ese vino, cuanto me había costado y después procedieron a explicarme, despacito y claramente, lo bueno que era el vino que yo había traído a la comida.
Va por tí, Laurent y por el paisano.