lunes, 15 de marzo de 2010

Hacienda Monasterio Reserva 2004



El otro día fue mi cumpleaños. Y fue un poco raro, porque las circunstancias personales se hicieron notar más que nunca. Por fortuna, cuando todo falla, el mundo se desmorona y todo es negro, uno puede jugar su última carta y llamar a Jose el rubio.
Jose es lo que se llama un amigo de toda la vida. Ambos somos colegas desde el instituto. Los años han pasado y hemos seguido caminos muy divergentes. Pero aunque hayan pasado meses o años, siempre hay uno de los dos que encuentra un momento para coger el teléfono. Y la conversación fluye como si nos hubiéramos visto el día anterior.
Así que andaba yo zambulléndome en la miseria en la víspera de mi cumpleaños cuando decidí coger el teléfono para hablar con Jose. Iba a estar en Madrid el fin de semana y podíamos vernos. Y qué puñetas, era mi cumpleaños.
Jose, consciente del tamaño del toro que me ha tocado lidiar, estuvo a la altura de las circunstancias, cogió el coche, me vino a buscar y me invitó a cenar a su casa.
Pero bueno, una cena el día de mi cumpleaños no puede pasar sin un vino decente con el que regar la cena. Jose no es un gran bebedor de vino y desconfiaba de su bodega, así que le propuse acompañarme a comprar una buena botella antes de ir a su casa. Y así de paso le abría la puerta a nuestro mundillo, a ver si le picaba el bichito.
Para mí es todavía una novedad el entrar a una tienda de vino y reconocer bastantes nombres. Aunque no domino las sutilezas de la cata, voy aprendiendo cosillas aquí y allá y como he ido probando (sobre todo Riberas) pues voy conociendo nombres.
Tenía una apuesta segura y conocida en las manos, un Malleolus del 2006. Es un vino un poco caro porque aunque es la gama alta de Emilio Moro, el 2006 es un año horroroso en Ribera y este vino podría ser mejor, sobre todo para los 28 eurazos que piden por él.
Sin embargo, precio aparte, este vino a mí me encanta y sabía perfectamente lo que iba a beber. Pero una vez más el Carpe Diem me empujó a buscar algo nuevo que yo no hubiera probado.
Y atisbé el Hacienda Monasterio.
¿Porqué cogí este vino, muchísimo más caro que el Malleolus? Varias razones...
Hacienda Monasterio es uno de los nombres "de entendido" de Ribera del Duero, el vino está hecho por Peter Sisseck, famoso en el mundo entero por su Pingus. Y 2004 es el año en el que en Ribera, hasta el más tonto hizo relojes. Los buenos viticultores, en 2004 hicieron catedrales (Por cierto, hablando de catedrales, en 2014 saldrá al mercado el Vega Sicilia Unico 2004. Si este vino no es el mejor que pruebo en mi vida, me como el teclado).
O sea, que buena uva, buen viticultor y buen año. Muy caro (34 euros), pero qué narices, es mi cumpleaños.
Y nos llevamos el Hacienda Monasterio. 
Mi primera botella de Peter Sisseck.
Decantamos una hora y media antes de beberlo (soy alumno de Oli...) y fue una delicia ver cómo el vino se abría para soltar aroma tras aroma.
Lo primero que me sorprendió fue la poca madera que me salía en nariz. Había muchísima fruta roja, pero no concentrada como en un Ribera, sino suave y persistente. El alcohol me había preocupado un poco, 15º, pero como debe ser en un vino de este nivel, ni en nariz ni en boca había nada de alcohol. Completamente controlado.
Cuando probé el vino me dije que, a veces, las famas son merecidas.
Lo primero que encontré fue un tanino realmente gradual, mucho más suave de lo habitual en un Ribera. Preciosos sabores de frutas rojas y la gran sorpresa, un recorrido maravilloso de acidez en la boca.
Como mezclar un Pinot muy afrutado con un Ribera muy suavizado. Mundial.
Esta es, para mí, la mejor botella de vino que se puede comprar en Ribera de Duero.
A Jose le gustó mucho el vino, aunque se quedó un poco intimidado por el precio. 
Quizá tiré demasiado alto, pero qué demonios, era mi cumpleaños.
La conversación con Jose y  su mujer siempre es muy agradable, porque aunque viven un entorno profesional y social muy distinto del mío, da gusto ver cómo gente que uno quiere se abre paso muy bien en la vida. Son dos triunfadores que saben trabajar más que nadie para lograr sus metas. Su actitud positiva ante la vida podría y debería ser ejemplo para otros. Como por ejemplo, el que escribe.
Resumiendo, el día de mi cumpleaños lo pasé con un amigo del alma bebiendo una botella de un vino perfecto. No se puede pedir más. Al menos, yo no puedo. 

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