Mi padre no es un gran amante del vino, le gusta tomar una buena copa pero no ha dado el salto a probar, conocer ni gastar como afición. Por eso, los vinos que tiene en la bodega y considera demasiado buenos para el día a día se le van quedando en el tintero. Los tiene más por diversión que por afición. Cuando empecé a hablar de vino en casa, mi padre me dijo que tenía algunos vinos antiguos y probablemente estropeados. Y me los ofreció por si quería pasar un rato divertido.
En la primera entrega me sacó este Vega Sicilia Unico 1969, que anda valorado en internet entre los 350 y los 450 euros y me dijo que pensaba que estaba pasado.
Cuando lo vi me sentí un poco ladrón, para mí esa botella le pertenecía a otra generación, es una de esas cosas buenas que debe disfrutarlas el que se lo ha merecido, y no un recién llegado que tiene menos edad que el vino. Por otra parte, los acontecimientos de los últimos meses me empujan algo más hacia el Carpe Diem y a no valorar demasiado mi propia dignidad, así que puse la zarpa sobre el vino.
Tras traer cuidadosamente el vino hasta Holanda, no quedaba sino beberlo. El vino ya había hecho todo lo que podía hacerse en la botella, o se abría ahora o se dejaba como monumento a la desidia.
Así que ayer vieron a casa Dirk y Almudena, nos sentamos en a cenar y tomamos los entrantes con un divertido Cadozos 2003, un vino mezcla de Pinot Noir y Tempranillo que no era nada complejo pero si muy agradable y original. El pinot daba más acidez al vino y quitaba un poco de la aspereza del tempranillo, me gustó, original para la zona y bastante recomendable.
Pero en realidad estábamos mareando la perdiz. Ayer tocaba pimplarse un vino de 40 años, con un par.
Y a ello nos pusimos.
Según dicen los que saben, solo un vino del nivel de Vega Sicilia puede llegar a estas edades y aun tener complejidad y algo que decir.
La leyenda dice además que el Único es uno de los grandes vinos del mundo porque siempre, desde que se compra con 10 años hasta que se bebe con 40, siempre, siempre está listo para beber. No se desmonta ni hay que esperar a que todo encaje, esta siempre perfecto.
Los dioses nos sonrieron, el vino estaba en perfecto estado. A pesar de ser tan antiguo todavía tenía una acidez bastante marcada, por supuesto tenía una enorme oxigenación y un color casi anaranjado, pero daba gusto beberlo. Increíblemente, todavía fue capaz de cambiar un poquito en la copa y ganar mas aroma.
Muchísimos aromas terciarios, cuero y tabaco, pero también un marcado sabor a uvas pasas, a fruto seco y a óxido. Pero todo en su sitio, un paladar suave, sin taninos ni alcohol, pero persistente.
Sutilezas incomprensibles para un novato como yo, pero ayer aprendí otro poquito, a qué sabe un vino viejo y por qué Vega Sicilia tiene ésa reputación.
Para terminar no queríamos abrir otro vino que fuera a hacerle sombra a este enorme monumento, así que esperamos y cambiamos completamente de tercio.
Saqué un vino dulce, cosa sorprendente en mí, un Mas Estela de garnacha negra vinificado con solera.
Dirk no es un gran fan de los Priorats dulces (y estoy de acuerdo, dedicar garnacha del Priorat a otra cosa que no sea tinto debería estar penado por la ley) y creo que se sorprendió con este Empordá de mi pequeña bodega preferida. Mas Estela se merece un post aparte, porque tiene una bonita historia. Pero baste decir que a mí este Vi Dolc me encantó porque es muy contenido con el azúcar, muy generoso con la solera y tiene una suavidad que le hace falta a muchos vinos dulces del mundo.
Y por cierto, vino biodinámico.
Y por cierto, vino biodinámico.
La noche fue un éxito de comida, bebida y atmósfera. Con la que está cayendo, no se puede pedir más.
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