lunes, 25 de enero de 2010

Les brunettes 2002, Dubois bernard et fils, DOC Aloxe Corton, Chorey-les-Beaune (Cote d'or)

Entre las muchas cosas de las que no sé nada, el Pinot Noir es una de las mas importantes. El Borgoña es un vino difícil, porque se lleva todos los elogios posibles y cuando lo pruebas te preguntas de qué habla esta gente.
El Pinot es ácido como beber el liquido de una bateria, no tiene consistencia ni cuerpo y para un español acostumbrado al tempranillo de 14º con meses de barrica, el Borgoña es un vino como aguachirri, pero encima con mal sabor.
Sin embargo, es como todo: probando, probando, se va viendo que el pinot puede ser ácido pero bajo control, y probando, probando, se encuentran pinots con fruta y cuerpo, y probando, probando, encuentras uno que te gusta y entonces sí que la has liado parda.
Porque en Borgoña no se andan con chiquitas: o entiendes que el Pinot es un regalo directo de Dios a los franceses o eres un bruto insensible. Y si lo entiendes, entonces aceptas pagar precios exorbitantes y guardar vinos durante décadas para tener la posibilidad de beber uno de entre muchos que sea bueno.
Todo esto me pasaba por la cabeza ayer, mientras me dirigía a casa de mi amigo Luis. Luis es un gran aficionado al Pinot y es otra de las personas de las que tengo la suerte de poder aprender muchas cosas de vinos.
Ayer, Luis nos había invitado a comer en su casa, con la sagrada obligación de llevar una botella de vino para poder probar un poco. El tema del día, para poner las cosas fáciles, vinos de Borgoña. El tercer invitado era Lluis, que esta casado con una borgoñona hija de viticultores y que también conoce un poco el tema. Así que tenía un papelón, tanto Luis como Lluis tienen la confianza como para explicarme, despacito y claramente, lo bueno que es el vino que han traído a la cena. Y después callar sobre el vino que yo he llevado a la cena.
Total, que mirando mi bodega, iba a tener que llevar un Borgoña bueno, lo que reducía la lista a 3 posibles. De los 3, este Les Brunettes 2002 era el único que no había catado antes de comprarlo. El año era excelente y al paisano (será francés, de Borgoña y todo lo que quiera, pero sigue siendo un paisano) sólo le quedaban 6 botellas, así que no iba a abrir una para probarla. Pero mi amigo Laurent estuvo firme, ése era el vino que habiamos ido a Chorey-les-Beaunes a comprar, así que al coche con él.
Ayer decidí coger este Borgoña, con miedo pero confiando en Laurent, y lo puse en la mesa junto a los vinos de los expertos.
Lluis traía un Saint Aubin del 2007 que había comprado a amigos de su familia política. Resultó tener potencial, pero ser claramente joven y todos estuvimos de acuerdo en que con tiempo y cuidados y la mano cariñosa de un experto, este Pinot podría algún día llegar a estar bueno.
Dicho en cristiano: sabía a rayos y tendríamos que creernos que algún día no sabría a rayos mas sino que se habría transmutado en un néctar digno de Zeus.
Luis jugaba en casa doblemente, estábamos a pocos metros de su reputada bodega y ademas era su región favorita. Puso dos Pinot de mas de 10 años, 1999 y 1998. El primero resultó estar ya empezando a  perder cuerpo, era un vino demasiado viejo, y el segundo tenia el corcho estropeado.
Creo que esta claro por donde van los tiros. Baste decir que el vino de la foto es un vino que cuando lo bebes entiendes de donde viene tanta fanfarria con el Pinot y el Borgoña. La acidez perfecta para llevar toda la progresión del vino y terminar con una boca fresca pero al mismo tiempo cuerpo y fruta, sobre todo fruta. Por fin un Pinot que sabe a fruta con intensidad. Luis y Lluis me miraron de otra forma ese día, me preguntaron dónde había encontrado ese vino, cuanto me había costado y después procedieron a explicarme, despacito y claramente, lo bueno que era el vino que yo había traído a la comida.
Va por tí, Laurent y por el paisano.

No hay comentarios:

Publicar un comentario