Comienzo el blog con un vino del Priorat, un vino de mi uva preferida, la Garnacha, que me dio a probar mi amigo Dirk. Tras una agradable fiesta con amigos decidimos prolongar la noche y abrir vino serio cuando nos quedamos tranquilos. A veces es mejor esperar para hablar de vino, si no se corre el riesgo de aburrir soberanamente a un espectador inocente.
Yo aporté un Chablis del 2005 que había comprado en el propio pueblo de Chablis. En aquella ocasión compré 3 botellas a esta productora en particular, pero no esperaba mucho de ellas. Sin embargo, la primera botella, del 2004, había sido todo un éxito, un vino completamente envejecido con el que nos habíamos divertido mucho. Esta vez la segunda botella fue una decepción, estaba en mal estado y no valía la pena. Recuperó un poquito de aroma de fruta tropical al abrirse, pero claramente había algo malo, porque el vino no tenía ni intensidad ni mineralidad alguna. En casa queda la segunda botella de 2005, esperando una víctima propiciatoria.
Dirk, que de esto sabe mucho, arregló la noche con este Cabrida. Mi primer Priorat, un monumento a la uva garnacha, con muchisima fruta, intensidad y unos taninos larguísimos pero suaves.
Me enamoré del vino y como siempre que Dirk y yo nos juntamos, hablamos de comida y bebida, de las cosas buenas de la vida y de cómo disfrutarlas.
Dirk es un tipo interesante, sobre todo porque es la prueba viviente de que los prejuicios sólo sirven para hacer el ridículo. Un holandés joven aficionado al fútbol y la cerveza parece el estereotipo de noreuropeo sin sensibilidad ni interés por lo que aquí nos junta, el vino, el buen comer y el buen vivir.
Sin embargo, Dirk es un profesional del vino, sabe más de vino que nadie y además tiene muy claro lo que le gusta y porqué. No se corta en decir a la cara de alguien que su vino es malo, que tiene problemas o que es demasiado caro.
Me enamoré del vino y como siempre que Dirk y yo nos juntamos, hablamos de comida y bebida, de las cosas buenas de la vida y de cómo disfrutarlas.
Dirk es un tipo interesante, sobre todo porque es la prueba viviente de que los prejuicios sólo sirven para hacer el ridículo. Un holandés joven aficionado al fútbol y la cerveza parece el estereotipo de noreuropeo sin sensibilidad ni interés por lo que aquí nos junta, el vino, el buen comer y el buen vivir.
Sin embargo, Dirk es un profesional del vino, sabe más de vino que nadie y además tiene muy claro lo que le gusta y porqué. No se corta en decir a la cara de alguien que su vino es malo, que tiene problemas o que es demasiado caro.
Ha viajado bastante por los restaurantes buenos de Europa, conoce bien los paises mediterráneos y habla un poquito de castellano. Además, tiene claro que para lo que sirven un vino y una comida es para obtener la atmósfera adecuada, no para demostrar la longitud de tus conocimientos. A Dirk le interesa muchísimo tener esa atmósfera cuando bebe vino con los amigos y aquella noche, con tres amantes del vino sentados junto a un fuego después de que todos los bebedores de cerveza se hubieran ido a casa, el Cabrida fué la elección perfecta.
La conversación se prolongó hasta las 4 de la mañana.
Para mí, eso es saber de vino.
La conversación se prolongó hasta las 4 de la mañana.
Para mí, eso es saber de vino.
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